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Trascender la violencia

Para comprender la violencia que sucede en el día a día los expertos en paz recomiendan articular las situaciones específicas, con teorías y valores que nos permitan reconstruir y reconciliar las relaciones sociales fracturadas. Los “hechos” no son neutrales, llevan siempre impresa la marca de lo que se considera relevante desde ciertos conceptos y principios morales.

La detención y muerte de Nemesio Oseguera, así como la violencia desatada posteriormente que dejaron otros tantos muertos y heridos, obligan a preguntarnos qué podemos y queremos hacer con nuestras violencias, qué capacidades no hemos logrado desarrollar para interactuar positivamente con los demás.

Una teoría suficientemente clara de paz ayuda a plantearse alternativas si tomamos en cuenta que como humanos tenemos capacidades para hacer mucho bien y mucho mal; que la violencia es solo uno más de los comportamientos posibles (siempre ha existido y seguirá existiendo al igual que las enfermedades); no deriva de la biología o la genética ni somos violentos por naturaleza; lo que en un contexto es considerado violento en otros no lo es. Por tanto, hay que reconocerla, pero no para engolosinarnos con la “nota roja”, sino para transformarla.

Abordar la violencia con lentes pacifistas implica observar con otros ojos lo que sucede, ampliar la perspectiva desde la que se analiza, identificar los vínculos entre violencias, paces y conflictos, darle la vuelta a los discursos y valores instalados como verdades, cuestionar los parámetros en los que se fundamenta el actuar de las instituciones, revisar los lineamientos jurídicos y sus articulaciones con ideas y tradiciones de la gente.

¿Por qué seguimos creyendo, por ejemplo, que necesitamos “acumular violencia” para sentirnos seguros? ¿Por qué los gobiernos no ponen en entredicho las violencias institucionalizadas que sufrimos los ciudadanos? ¿Cómo es que la violencia estructural favorece el crecimiento económico? ¿De qué manera la violencia cultural se perpetúa en el lenguaje, las ideologías políticas, el arte, la ciencia o el derecho?

Los grupos considerados criminales han logrado consolidarse poniendo en juego diversas capacidades humanas (liderazgo, organización, movilización, confianza y entendimiento mutuo, incidencia política…); capacidades que “los buenos que somos más” no hemos logrado desarrollar para vivir en armonía. Bajo la etiqueta “crimen organizado” se cubre todo sin explicar nada. ¿Qué ventajas supondría utilizar la idea de “asociaciones ilícitas” en vez de “crimen organizado”?

Hay que trascender la violencia, reconocer aquella que ejercemos en lo individual y colectivo; revisar los entramados afectivos y valorativos en los que se sostienen los discursos sociales; propiciar y escuchar los relatos de las víctimas; preguntarse y discutir públicamente, frente a las imágenes de muerte y destrucción como las del primero de marzo: qué está mal, por qué está mal, cómo se ha llegado a esa situación, qué debemos cambiar, qué órdenes normalizados hay que modificar…

Para consolidar a los ciudadanos como agentes morales responsables y no como víctimas, hay que permitir a las personas narrar sus experiencias de injusticia. Sus narraciones sirven para dar significado, orden y coherencia a la vida cotidiana y son constitutivas de un nuevo país.

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jl/I

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