En estos días se registraron quejas de los ciudadanos de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) por la mala calidad del agua que llegó a más de ciento cincuenta colonias de la ciudad.
Las explicaciones de la autoridad remitieron, entre otros factores, al escaso mantenimiento de la red, la antigüedad del conducto Chapala-Guadalajara, la ineficiencia de algunas plantas de tratamiento, hasta la contaminación por acueductos abiertos, incluso a las tareas de limpieza de canales y plantas. La Universidad de Guadalajara y otras instituciones recomendaron no beber o tener contacto directo con esa agua debido a que las características organolépticas (olor, color…), indicaban la mala calidad y la contaminación del líquido.
Si bien es cierto que esta situación es crítica y puntual, también es cierto que sistemáticamente desde hace veinte años se presentan reportes de esta naturaleza en la metrópoli de manera constante y con tendencia a incrementarse, lo que indica que las causas de fondo (múltiples y complejas) no se han atendido y que el modelo de atención al problema ha sido rebasado.
Un vistazo rápido al tema, nos muestra que en la primera década de este siglo se reportaron 262,430 enfermedades relacionadas con el agua sólo en nueve meses. Entonces la Universidad de Guadalajara (UdeG) advertía que era “indispensable iniciar un ejercicio de saneamiento básico del agua que surja desde las ciencias de la salud y la participación ciudadana”. También en esa década se señalaba que la contaminación del agua se agravó por el crecimiento acelerado de la ZMG, la sobreexplotación de acuíferos y la infraestructura vieja del sistema de distribución.
Para la segunda década del siglo, investigadores de la UdeG advirtieron que el suministro disponible era menor al requerido por la población, lo que presionaba la calidad del sistema. También se incrementaron los reportes ciudadanos de contaminación y de turbiedad del agua. El agua amarilla o marrón, suministrada indicaba la presencia de bacterias fecales en pruebas independientes, en más de 10 colonias de la metrópoli. Las denuncias ciudadanas se volvieron masivas.
Desde el 2023 el problema se hizo más visible. Colectivos ciudadanos documentaron más de 4 mil 500 denuncias entre 2023 y 2025 en más de 1,000 colonias.
Desde hace dos años, investigadores de la UdeG alertaron sobre la presencia de toxinas en el lago de Chapala (importante fuente de abastecimiento) y denunciaban fallas de potabilización.
Los reportes actuales confirman que se trata de una crisis estructural del sistema hídrico metropolitano y no de un hecho puntual.
Al reconocer el Sistema Intermunicipal de Agua y Alcantarillado (Siapa) que no es competente para determinar si hay un problema de salud por el agua que dispendia, y tampoco tiene la capacidad para renovar el sistema hídrico, evidencia que el modelo de comprensión y operación del agua en Jalisco está rebasado. Su rediseño no puede esperar. El modelo demanda integrar a la sociedad, para monitorear, para vigilar, para responsabilizarse y para prevenir problemas sanitarios, que se agote, que sea un privilegio para unos cuantos, o que se deje fuera a los ecosistemas.
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