La pérdida de vegetación en la ciudad ha intensificado el fenómeno de la isla de calor urbana (ICU), lo que eleva las temperaturas entre 2 y 3 grados Celsius y aumenta los riesgos para la salud de la población.
Así lo señala el estudio ‘La vegetación como reguladora del clima urbano el caso del Área Metropolitana de Guadalajara, Jalisco’, autoría de Tonantzin Camacho Sandoval, Víctor Orlando Magaña Rueda, Silvia Lizette Ramos de Robles y Juan Alberto Gran Castro, investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El documento expone que la expansión urbana en la metrópoli ha privilegiado la infraestructura gris, como concreto y asfalto, sobre las áreas verdes, lo que ha derivado en una disminución sostenida de la cobertura vegetal entre 1980 y 2020.
La reducción ha incrementado en 10 por ciento la probabilidad de que las temperaturas superen los 30 grados, especialmente en la zona oriente del AMG, donde se concentran las condiciones más críticas.
El fenómeno de ICU, explica el estudio, ha generado además episodios extremos. En junio de 2005 se registraron temperaturas de hasta 38 grados, asociadas con al menos 11 muertes en el estado, mientras que en 2023 se alcanzaron hasta 40 grados.
Las y los investigadores añaden que la urbanización también ha alterado los ciclos hidrológicos, lo que provoca lluvias más intensas y elevando el riesgo de inundaciones en zonas urbanas.
El AMG, que concentra más de 5.2 millones de habitantes en una superficie de 62 mil hectáreas, no cumple actualmente con los estándares internacionales de áreas verdes establecidos por la ONU, lo que limita su capacidad para ser considerada una ciudad saludable. La vegetación urbana cumple funciones clave como la regulación térmica mediante sombra y evapotranspiración, lo que permite reducir significativamente la temperatura en comparación con zonas sin cobertura vegetal.
Ante ese panorama se plantea como urgente la implementación de políticas públicas orientadas a la recuperación de infraestructura verde, así como programas de reforestación urbana para mitigar los efectos del cambio climático y reducir la vulnerabilidad de la población.
“Bajo un enfoque de gestión de riesgos climáticos urbanos y con un abordaje que considere la suma de otras variables, será necesario concretar estrategias de acción que permitan mejorar las condiciones ambientales de sus habitantes para contrarrestar los peligros climáticos y mejorar el bienestar de la población”, indica.
Finalmente, las y los investigadores subrayan que la protección y expansión de áreas verdes no solo tiene un valor ambiental, sino que representa una medida esencial de salud pública frente al aumento de eventos de calor extremo.
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