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Pensar en conversación

Hace unos días estuvo en la ciudad la argentina Rita Segato, una de las académicas más importantes de nuestros tiempos. La Universidad de Guadalajara y el gremio estudiantil le rindieron un homenaje a quien ha encontrado palabras adecuadas para nombrar y repensar lo vinculado al poder y el cuerpo, y por tanto, lo patriarcal. 

La cátedra inaugural fue un diálogo que llevó como lema Pensar en conversación. Hoy quiero retomar esa idea. 

En mi trayecto a la oficina, suelo encender la radio y buscar alguna mesa de debate sobre lo que ocurre en la ciudad. Hace tiempo que no lo encuentro. Encuentro, más bien, noticieros que quieren hacer ‘stand up’ y pocas mesas. En la mayoría, solo confirman lo que piensan. ¿Debate? Muy poco. 

Desde la época de la pandemia, cuando muchos tuvieron que aprender a hacer las cosas a distancia, también creo que perdimos la habilidad de la conversación: saber discutir, incluso alzar la voz, desarrollar argumentos, tolerar y respetar las ideas que no concuerdan con las nuestras. Aprender. 

Y para poder sentarte a hablar con el otro, hay que tener ganas de escucharlo. Pero en los últimos años, el poder de convocar también se ha perdido. 

Quizá no lo hemos hecho consciente. Pero a esta ciudad le faltan más espacios de encuentro donde quepan todos. Propiciar esos diálogos es tarea de instituciones como la Universidad de Guadalajara, pero también de instituciones que se entregaron a solo un bando y que siguen con los fantasmas de un conflicto que ya sólo cabe en sus cabezas. Me imagino, por ejemplo, que el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana y la Comisión Estatal de Derechos Humanos podrían ayudar. 

Existe también la posibilidad de conocer a quienes no han dicho nada, pero que actuaron con su silencio. Un poder judicial que entienda que sus decisiones también son importantes y debe abrirse al escrutinio. Escuchar también a todos los empresarios, porque ellos tampoco deben soportar la abyección de sus representantes ni la imposición de tarifas que les piden por la obra. 

Que los que quieran hablar, lo hagan sin miedo. 

Y quienes quieran escuchar, tengan ganas de entender. 

Quizá, con un poco de suerte, también aprendamos de los que están saliendo a las calles a poner el cuerpo. Este domingo, ocho colectivos de diferentes causas decidieron usar la avenida Juárez para jugar futbol. Sin renunciar a sus causas, todos coincidieron en una demanda principal: el Mundial no puede estar por encima de los derechos de quienes habitamos la ciudad.  

En estos días nos dejó Rossana Reguillo. En ‘El vuelo de las luciérnagas’, su libro póstumo, hay una reflexión que ayuda a cerrar esta reflexión: “frente a la arquitectura del sobresalto y la captura algorítmica de la emocionalidad, la palabra resistente es una urgencia política y una apuesta ética. Es en esa tensión donde el lenguaje vuelve a ser una herramienta de invención”. 

Hagámosles caso. A Rita, a Rossana, a las familias que buscan, a quienes forman parte de colectivos que luchan por los derechos humanos. Algo emerge cuando pensamos en voz alta. 

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jl/I

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