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Los valores deportivos y el Mundial

Un partido de futbol puede reproducir en menor escala lo que ocurre fuera de la cancha con los jugadores, la comunidad en que se desarrolla el encuentro y los propios organizadores. Lo sucedido en el terreno de juego es un símil de lo que son los involucrados. El estadio permite, simbólicamente, asomarnos a la identidad y a los valores que están detrás de los objetivos, actitud y desempeño de los participantes en las justas deportivas.

En ese sentido, el futbol es mucho más que un encuentro deportivo. Rebasa la mera actuación de cada individuo para meter o no goles, ganar o no el partido, y sí mostrar aquello que es menos visible. O, quizá más claro, en los partidos vemos lo que sucede, pero también es posible observar ese otro juego, en un nivel más abstracto, complejo y profundo, del que atisbamos el espíritu de una nación.

El deporte fomenta valores fundamentales e individuales como el respeto, la disciplina, la perseverancia, la honestidad o la resiliencia; además de valores sociales relacionados con los participantes, como el trabajo en equipo, el juego limpio, la inclusión o la solidaridad. Los valores, como guías o principios éticos, tienen además repercusiones políticas y económicas.

Detrás de cualquier deporte están implícitos o explícitos los valores que alienta, sea en contiendas amateur o profesionales. De ahí que es necesario promover los valores deportivos. Que participar en un equipo, observar su desempeño o bien organizar las contiendas, sea para educar o educarnos como sociedad con valores como la convivencia o el compañerismo franco.

¿Cuántos de esos valores promueve realmente la Copa Mundial FIFA 2026? Porque los valores no son un mero discurso moralista, ni buenos propósitos escritos en un papel o una pantalla. ¿Cuántos aplican los gobiernos de las naciones sede?

A horas de que se inaugure el Mundial, los organizadores han tomado decisiones que atentan contra valores deportivos. Por encima del futbol se priorizan la ambición centavera, la frivolidad, el negocio como prioridad y los beneficios económicos de los empresarios del deporte por encima de los intereses de los aficionados.

La copa mundial es más que nada comercial y es menor su objetivo de procurar el bienestar de los países sedes, que dejarán de percibir millones de pesos al quedar exento de impuestos el organismo mundial. De fiesta popular y masiva, al Mundial lo transformaron en un torneo mercantilizado, que abusa de los aficionados y las naciones anfitrionas.

Organizaciones como Amnistía Internacional han alertado sobre las violaciones a derechos humanos que se han cometido, como las políticas migratorias y operativos de control en ciudades sede de Estados Unidos, por ejemplo. Es indigno, humillante, cómo en la nación vecina se ha tratado a equipos como el de Irán o al árbitro somalí, certificado por la FIFA, al que le negaron el ingreso.

En tanto, en ciudades sede mexicanas, como Guadalajara, las “limpiezas” sociales discriminatorias pretenden mostrar un “rostro bonito” y desplazar a los excluidos de siempre; falta que los gobiernos rindan cuentas de los millones de pesos del erario destinados al evento deportivo; está latente el riesgo de que las protestas que ocurran alrededor de los estadios sean reprimidas y todo apunta a confirmar que son irreales las cuentas alegres de asistencia y beneficios a negocios, cacareadas por los gobiernos federal y estatales.

Mañana empieza el torneo. Lo ideal es que el deporte y la Copa Mundial sean un camino para la paz, la hermandad de los pueblos y el respeto a los derechos humanos.

 

GR

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