De las preguntas más complejas, difíciles y de urgente reflexión y acción, una es ¿cuándo habrá paz en México? El Manifiesto por la Paz, resultado del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, concluido este domingo, señala que habrá paz cuando visibilicemos, rechacemos y encontremos alternativas frente a las violencias de las que formamos parte; cuando seamos capaces de conmovernos y movernos ante el dolor ajeno; cuando cada individuo y cada sector, decidamos ser una voz de corresponsabilidad y trabajo, pero también de exigencia y denuncia, una voz que no tolere la injusticia, el odio, la impunidad.
Añade que habrá paz cuando recuperemos nuestra capacidad colectiva de cuidar y ser cuidados, cuando frente a las miradas de niños y niñas, asumamos la responsabilidad de construir las condiciones para que su futuro sea posible; y cuando el costo de guardar silencio y ser indiferentes sea impagable.
En el Diálogo Nacional por la Paz, plantea el manifiesto, “decidimos no aceptar que el futuro de niñas y niños se hipoteque por falta de condiciones para crecer. Decidimos no negociar la dignidad humana a cambio de intereses económicos o políticos. Nos negamos a ser indiferentes ante el dolor y la vida que pende de un hilo. Y rechazamos toda complicidad frente a la violencia estructural y sistémica”.
Los más de mil 200 participantes en este diálogo, proponen “refundar la comunidad, construir nuevas maneras de encontrarnos, de escucharnos, de navegar los conflictos, de llegar a acuerdos, de exigir, de ofrecer, de resistir, de ser con otros. Una manera distinta de cuidar la fragilidad, de preservar la vida, de posibilitar futuros, desde la familia hasta el estado, pasando por la escuela, la colonia, el centro de trabajo, la parroquia, el barrio con miras a construir un nosotros amplio, permeable y dispuesto a involucrarse y a sostener una esperanza organizada dirigida a la acción”.
Durante el cierre del encuentro, el jesuita y director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, Jorge Atilano González Candia, puso en común tres claves a partir de lo vivido. La primera es reconocer que el Estado somos todos y, por lo tanto, todos somos protagonistas en el camino hacia un México sin violencia; la segunda es que se necesita un sistema social que integre a todos los jóvenes que han sido excluidos y se han convertido en presas de la delincuencia, y la tercera es que una nueva realidad no será posible sin sanar la herida de las personas desaparecidas.
Llamó a recordar que van acompañados por los sacerdotes asesinados, los jesuitas Joaquín César Mora Salazar y Javier Campos Morales; Marcelo Pérez Bravo y Bertoldo Pantaleón Estrada, y “por los jóvenes de Teuchitlán, por los jóvenes de Salamanca, por Bernardo Bravo, por Carlos Manzo; por los policías caídos al cuidar a su comunidad; por los hijos que han sido nombrados en este encuentro y tantas víctimas de la violencia”.
En el encuentro se organizaron foros como los titulados Metodologías para la paz y la justicia y Experiencias internacionales de diálogo y construcción de paz, y 13 empresas recibieron el Distintivo Empresas por la Paz.
En el cierre del encuentro, Ramón Castro, obispo presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, señaló lo que suscriben millones de mexicanos: “Hablo desde la conciencia de pertenecer a un pueblo herido, pero no vencido; de una sociedad que sufre, pero sigue buscando caminos de vida”. Un ejemplo son los diálogos nacionales.
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