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Daño Invisible

Como padres o tutores pocas cosas pueden inquietarnos tanto como el universo al que nuestros menores ingresan cuando abren la pantalla de sus dispositivos móviles. Cada vez es más común leer o escuchar que un menor fue víctima de ciberacoso o que el ‘bullying’ escolar pasó de las aulas a las redes sociales.

Ahora el universo de nuestros hijos es más grande, pero cabe en la palma de una mano, y eso hace menos perceptible para el ojo del adulto los contenidos a los que acceden; afortunadamente, para garantizar la seguridad de las niñas, niños y adolescentes se aprobó la Ley Pantallas Seguras, impulsada por la diputada Adriana Medina y la presidenta del DIF Jalisco, Maye Villa, la primera en el país que tiene como intención proteger los derechos de los menores en los entornos digitales.

Sabemos que la realidad que vivimos ahora parece ficción y lo que puede comenzar como un juego puede derivar en acoso, abuso o, peor aún, homicidio o suicidio. Los casos son muchos, los más visibles en los últimos años han sido los de Leyla Monserrat, a quien el año pasado dos de sus amigas asfixiaron y videograbaron el momento, o el de Osmar N, acusado de feminicidio por irrumpir en su escuela en marzo pasado y disparar contra dos de sus maestras. Lamentablemente hay miles más que suceden a diario y no ingresan a la observación pública, ocurren en el anonimato de un perfil falso o en grupos de redes sociales.

De acuerdo con Unicef, en México el 50 por ciento de niñas y niños entre seis y 11 años son usuarios de Internet; mientras que la cifra entre adolescentes de 12 a 17 años alcanza entre el 80 y el 94 por ciento. Las cifras son muy altas. La experiencia de navegar en Internet es como una moneda: una cara muestra las ventajas del acceso positivo a la información, la tecnología y el entretenimiento, mientras que en el otro lado se encuentran los depredadores, la violencia y el ciberacoso. Ambos lados forman parte del universo digital.

La ley recién aprobada en Jalisco busca anticiparse a los efectos adversos, no pretende prohibir el uso de dispositivos, pero sí vigilar los contenidos a los que se accede, así como crear mecanismos de protección; obliga a los municipios y a las autoridades escolares a revisar sus reglamentos y protocolos, así como sus medidas para garantizar un acceso seguro a las plataformas digitales. Esta ley es el primer paso, falta recorrer el camino y sortear obstáculos para llegar a la meta.

En todas las escuelas hay un reglamento que los padres y los alumnos firman, está en blanco y negro, pero difícilmente se ofrecen cursos que le expliquen a los menores los efectos o las sanciones de incumplir dicho reglamento; posiblemente por ello no dimensionen ni los efectos en la víctima ni las consecuencias que pueden enfrentar; de ser así quizá habría menos casos de agresión escolar.

Los niños y adolescentes de hoy nacieron en la era digital, muchos tuvieron una pantalla en las manos antes de aprender a caminar y seguramente navegan en Internet con más naturalidad que muchos adultos, así que la obligación como padres es actualizarse en las redes que manejan, establecer restricciones de navegación y limitar el tiempo de uso de los dispositivos. Ninguna pantalla es segura sin la colaboración de todos, es un compromiso con la integridad de los menores, porque una agresión digital es violencia y también deja cicatrices.

Desde este espacio envío una breve y respetuosa condolencia al equipo de ‘Diario NTR’ por el fallecimiento de su director, Benjamín Ortega. Descanse en paz.

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